Camí

Tomás, el Templario

Una luz en el camino


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Los hospitaleros

Los hospitaleros destacados en el camino suelen encontrarse en las etapas más duras o a varias jornadas de peregrinación. Los peregrinos que hacen el camino, aunque no sea completo, pasando por las etapas donde no hay tanta restauración o son etapas más complicadas son los que suelen atender a algo más que simple turismo. Estos son los peregrinos a los que ayudan de forma desinteresada los hospitaleros que han pasado su vida en el camino.

Tomás

Tomás eligió el Monte Irago para dar cobijo a los peregrinos que transitaban por unas temperaturas extremas sin civilización entre Rabanal del Camino y Molinaseca con una taza de caldo y un café, algo que afirma que nunca le faltó para ofrecer a los peregrinos.

Antes de la recuperación de Foncebadón, la subida a Manjarín se hace dura, especialmente en invierno. En el año 1986, una crisis vital azotó a Tomás que decidió buscar nuevos horizontes y salir de Madrid. La primera oportunidad le llegó al entrar en contacto con un grupo de la Orden del Temple, institución religiosa de la Edad Media que durante casi dos siglos protegió el Camino de Santiago.

Junto a otros miembros de este grupo, Tomás pisó por primera vez el Camino. El objetivo era colocar unos estandartes en lugares en los que había estado la Orden del Temple. Lo cierto es que algo lo llamó a quedarse. Primero en Ponferrada, después en el Valle del Oza y en Corellón hasta llegar a Villafranca del Bierzo. Ahí conoció a Jesús Jato y la labor en su albergue, el más viejo de todo el Camino. Fue durante su labor como hospitalero cuando Tomás supo cuál era su destino.

Luz en el camino

Tras varias conversaciones, un peregrino de Alcañices le confesó a Tomás que estuvo a punto de volver para casa y no completar su Camino. “¿En dónde?”, le preguntó Tomás. “En Manjarín”, contestó. Porque a pesar de que sí había un refugio, el peregrino echaba de menos alguien que le diese un poco de calor, real y humano. “Y entonces me dije: Me parece que para allí me voy”, recuerda Tomás. Así nació uno de los albergues más queridos del Camino Francés. En él no hay agua corriente, ni luz eléctrica. Pero sí un café caliente, un plato de comida, un lugar donde dormir y una buena conversación entre amigos. “Arrancamos con 8.000 pesetas que nos prestó Jato para café, leche, algo de comida… La primera noche cayó la tormenta más grande que se recuerda en el pueblo. Y yo, con una vela, pensando: este es mi sitio. De repente, se escuchan unas voces que dicen: -Mira, una luz en el Camino. Hay gente-. Y desde entonces ese es el lema que rige este refugio: Una luz en el Camino, que significa acogida para todos”.

Las reformas

Hoy día, este albergue no puede seguir en las condiciones actuales ya que subsiste a base de donativos. Una subvención de la Diputación de León, el albergue de Manjarín contará con casetas de madera, agua corriente y electricidad generada con energía eólica, lo que mejorará las condiciones de sus moradores ocasionales.

En nuestra última visita a Manjarín no encontramos a Tomás pero sí a una persona que guardaba el lugar. Nos explicó cómo estaba todo, nos enseñó su lobo, nos puso un sello y continuamos el camino.

Somos una pareja (y también somos el equipo Ovelleta) que nos gusta hacer senderismo y unos enamorados del Camino de Santiago. Además siempre llevamos a nuestra mascota cuando hacemos una salida. Nos puedes encontrar en:
 
 
 
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