Después de la misa, el cura pide a los peregrinos subir detrás del altar y hacer un círculo. Nos explica el simbolismo del camino y bendice una serie de piedrecitas que tiene en un bolso. Nos anuncia que nos dará una piedra a cada uno y que debemos conservarla durante el camino.
Nos da una piedra negra con la flecha amarilla. Lo hace uno por uno, mirándonos los ojos y depositándola en las manos. Nos dice: ésta es la tuya. Es muy emocionante.
Al terminar yo le doy las gracias y le digo que este camino ya lo ha hecho muy especial. Nos ha dejado a todos que salimos con las lágrimas en los ojos.
Nos encontramos a un chico que pregunta por Moma. Se quiere tomar una foto. Él lleva a Olaf, un peluche que era de su mujer que murió de cáncer. Le damos el pésame. Es muy joven.
Nos pregunta por qué llevamos a Moma y le contamos nuestra historia. Decidimos darle una manita, estamos un poco conmovidos. Él, nos da una mariposa a cambio. Muy chula.
Entramos en la plaza, tenemos al gaitero tocando, yo filmando, a Cris que finalmente rompe a llorar por la emoción y por el dolor de los pies.
Nos echamos al suelo en el centro de la plaza y vemos la catedral sabemos que ¡EL CAMINO HA FINALIZADO!
Una vez tranquilos, vamos al hotel. Nos duchamos, vamos a comer a 100 Montaditos y decidimos ir ahora a ver a Margot. Nos hace mucha ilusión porque ha sido un contacto que, sin conocernos, nos ayudó mucho cuando íbamos a Tui.
Cuando termina el segundo turno de cenar Jato nos invita a una queimada. ¡Es muy bueno porque hace una ceremonia donde nos hace participar a todos! (ver el vídeo).
Nos ponemos todos en círculo delante de la mesa donde tiene preparados todos los utensilios para hacer la queimada. Empieza con un recitado de dichos en galego y todos hacer un corazón con la respuesta. Habla de meigas, de peregrinos auténticos, de tradiciones y de compañeros.
Termina, después de un rato, añadiendo queimada de las ocasiones anteriores y la mezcla con la que está haciendo. No sé yo si eso... Pero incluso los que se resisten acaban dando un sorbo y conseguimos hacer una especie de unión peregrina aunque sólo sea por esa noche.
Hagamos el brindis final y todo es muy emocionante. Yo después me lo encuentro y le digo que como su albergue no hay otro, ciertamente.